LA FÁBRICA DE LA FELICIDAD

La vida es dura. La vida es retadora. La vida es corta. La vida nos pone pruebas. La vida se nos va. Pero la vida también nace, llega con cada cumpleaños, nos da sonrisas, nos deja recuerdos, nos vuelve fuertes, nos da sorpresas, nos hace feliz.

A veces sentimos que nos pasamos la vida buscando la felicidad y nunca llega. Cuando creemos que la estamos alcanzando, la misma vida nos la arrebata y se la lleva. Tenemos que volver a empezar. No hay una formula, ni una pastilla, ni una persona, ni una cantidad de dinero o de cosas materiales, que nos den la felicidad. La felicidad la encontramos mirando hacia adentro y no hacia afuera. La felicidad está en el Dios de cada uno. La felicidad es precisamente ese tire y afloje con la vida. Hoy, 20 de Marzo, se celebra el día internacional de la felicidad. Fue creado por las naciones unidas con el propósito de que alcanzar la felicidad sea una meta fundamental del ser humano.

Y ¿cómo alcanzar esa meta? La felicidad la conocemos porque conocemos la tristeza y conocemos la tristeza porque la vida nos tiene que recordar traer nuestro ego al presente, volvernos más humildes, ser más empáticos y aprender a ser más compasivos. La compasión con quienes sufren alrededor nuestro y si somos nosotros los que sufrimos, la compasión con nosotros mismos. Qué importante es aprender a ser compasivo con uno mismo para aprender a alcanzar esa felicidad.

Cuando estamos tristes o en duelo, varias cosas suceden en nuestro cuerpo principalmente alrededor de nuestros pulmones y el colon (es decir la raíz de nuestro sistema immunologico). Es por esto que cuando estamos tristes nos puede doler el pecho, nos falta el aire, suspiramos, y en ocasiones hiperventilamos. Sientes que te agarras el corazón, pero en realidad es la reacción de tu cuerpo de abrazar tus pulmones. Cuando la tristeza es muy fuerte la comida no entra o entra sólo para llenar el vacío, duele la panza, nos da nauseas. 

Pero es gracias a esta tristeza que podemos entender el concepto de la felicidad. Alcanzarla se vuelve más fácil cuando podemos sonreir, cuando nos sentimos fuertes y seguros, cuando nos sentimos reconocidos, sentimos amor, nos reímos y recordamos los bellos años que le hemos dado a la vida. Es gracias a esta tristeza  que tenemos un punto de comparación para entender qué es la felicidad. Es importante estar presente en los momentos de tristeza, entenderlos, honrarlos y dejarlos pasar, para que luego demos espacio y podamos agradecer los momentos de felicidad ¿Alguna vez la alcanzamos? La respuesta está dentro de cada uno, pero ciertamente hay actitudes y pensamientos que nos pueden ayudar a sentir que la tenemos más cerca de lo que creemos.

VER LA SIMPLICIDAD DE LA VIDA

Confucio, el gran maestro Chino, dijo “La vida es muy sencilla, pero insistimos en hacerla complicada”. A la mente le encanta crear historias. Sin fallarnos, es capaz de seguir y seguir tejiendo tramas complicadas y diálogos que nunca sucedieron o que nunca van a suceder. Pero esta pensadera nos puede pesar, haciendo de la vida más complicada y retadora. Sal de tu cabeza por un momento y usa lo que tienes justo ahora para simplificar tu vida: el piso en que estas parado, el aire que estas respirando, las palabras que estas leyendo. Deja que las cosas fluyan.

ENTENDER QUE TODO ES TEMPORAL

Nuestra existencia física es esencialmente una ilusión. En el proceso de nuestra propia evolución, es necesario aprender el desapego. Nos empezamos a desapegar de nuestras ideas de dependencia o de propiedad de algo físico para aceptar nuestra verdad. La realidad es esa verdad: que somos más que nuestro ser físico y nuestras posesiones. Nuestra belleza recae en ese espacio que guarda a nuestra alma, que emana amor y bondad en el mundo físico. El descendiente de Mahoma, Ali Ibn Abi Talib, dijo “el desapego no es que no seas dueño de nada. Sino que nada se adueñe de ti”.

AMAR LAS COSAS COMO SON

Es fácil enredarnos en el deseo que las cosas o personas sean de una manera u otra. Si hacemos esto, nunca somos felices en el presente. Amar lo que tenemos frente a nosotros nos da paz, deja que la tensión fluya, nos permite sonreír. Buscar que las cosas sean diferente genera sentimientos de remordimiento, de culpa, de pena y sabotean nuestra vida. Nos quedamos atrapados en los pensamientos negativos. Si sabes que alguien te esta empezando a sacar de quicio, déjalo ser. Ámalo y entiende que es quien tiene que ser tan sólo en este momento. Esto toma práctica, pero si eres consciente, tu mente solita empieza a amar la vida en general.

LA FELICIDAD Y EL CUERPO

Sabemos de la conexión que hay entre nuestro cuerpo y nuestra mente. Si estamos tristes lloramos y nos duele el cuerpo.  Si estamos felices, nuestro cuerpo reacciona naturalmente y sonreímos. Entonces, ¿cómo puede nuestro cuerpo ayudar a nuestra mente? ¿qué podemos hacer para crear más momentos de felicidad? Cuando hay estrés emocional, hay varios trucos que podemos usar para salir de ese estado. Podemos ayudar a nuestro cuerpo a proteger el sistema nervioso y mandarle endorfinas al cerebro incluso antes de que los síntomas físicos aparezcan y decirle a tu mente que es hora de ser feliz. 

CONSUME HIERBAS MEDICINALES

Existen varias hierbas que tienen la habilidad de actuar en el sistema nervioso. Éstas contienen moléculas con zonas que parecen neurotransmisores — los encargados de dar los mensajes químicos a tu cerebro. Los tónicos de estas hierbas incrementan la resiliencia del sistema nervioso: verbena, romero, toronjil, ginseng y lavanda.

INCREMENTA TUS VITAMINAS Y MINERALES

Hay ciertas vitaminas y minerales que son vitales para la producción de los neurotransmisores y la función normal del sistema nervioso por lo que necesitamos un suministro constante de ácidos grasos esenciales, vitaminas C, B, E, calcio, magnesio y zinc. Alimentos altos en carbohidratos refinados y azúcar, destruyen las reservas de estos elementos, así que evita consumirlos. Reemplázalos por un arcoíris de verduras para alimentar no sólo el cuerpo, sino tus campos magnéticos.

PONTE AL SOL

Junto con las vitaminas anteriores, necesitas la Vitamina D. Exponerte al sol por al menos 20 minutos diarios ayuda a tu cuerpo a absorber rayos ultravioleta y producir esta vitamina. Esta  ayuda al sistema nervioso a regular tu ánimo. La luz solar también ayuda a regular la serotonina, la hormona de la felicidad, y la melatonina, ayudando a que tu ritmo biológico se coordine y puedas estar más alerta durante el día y dormir mejor en la noche.

DA Y RECIBE MÁS ABRAZOS

Aparte de crear oxitocina, la hormona del amor, estudios comprueban que los abrazos fortalecen el sistema immune incrementando la dopamina, la hormona que te ayuda a sentirte bien, y reduciendo el cortisol, la hormona del estrés. Así que asegúrate de abrazarte con un ser querido por al menos 20 segundos para que se produzcan estas hormonas. 

HAZ EJERCICIO REGULARMENTE

Puede que cuando estés con el ánimo bajo, nadie te pueda sacar de cama. Pero es precisamente saliendo de cama y moviendo tu cuerpo que vas a generar endorfinas para que tu ánimo mejore. Además es una excusa para ir al gimnasio y encontrarte con personas que compartan contigo. Te ayudará a relajar el cuerpo y a dormir mejor. Una caminata de 15 minutos al aire libre será suficiente para crear estas hormonas de la felicidad.

“La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices, y lo que haces están en armonía”

— Mahatma Gandhi

La felicidad empezará a llegar a ti naturalmente cuando encuentres la armonía entre cuerpo, mente, y alma. Tú mismo eres una fábrica de felicidad. Es fácil sentirnos felices cuando estamos de vacaciones, ganamos dinero, tenemos buenas relaciones, pero cuando la vida nos da una mano que no es ideal, debemos aprender a querer lo que recibimos. Tu felicidad está en como te comportas, como percibes tus relaciones, experiencias y circunstancias. Sintetiza tu felicidad con esperanza, con pensamientos positivos realistas, con lenguaje de amor, y con compasión.

Namasté,

Referencias

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